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junio 21, 2026Durante muchos años, los sistemas de salud de América del Sur concentraron gran parte de sus esfuerzos en el control de enfermedades infecciosas y en la reducción de la mortalidad materno-infantil. Aunque estos retos siguen siendo relevantes, la evidencia reciente muestra que la mayor amenaza para la salud pública y el desarrollo económico proviene de otro frente: las enfermedades no transmisibles (ENT), como las cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y los trastornos de salud mental.
En julio de 2025, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) presentó un informe elaborado con el apoyo analítico de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, en el que se estima que las enfermedades no transmisibles y los trastornos de salud mental podrían generar pérdidas económicas superiores a 7,3 billones de dólares estadounidenses en América del Sur entre 2020 y 2050. Esta cifra incluye gastos sanitarios, pérdida de productividad y reducción del crecimiento económico, y equivale aproximadamente al producto interno bruto anual de toda América Latina y el Caribe.
El informe identifica una tendencia preocupante. Desde el año 2000, la obesidad en adultos en la región aumentó un 67,5 %, la diabetes un 53,6 % y la inactividad física un 24,1 %. Además, cerca de dos tercios de la población adulta presenta exceso de peso, situación que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y diabetes tipo 2.

En Bolivia, al igual que en otros países sudamericanos, este escenario plantea un desafío creciente para las políticas públicas. El envejecimiento poblacional, la urbanización acelerada, los cambios en los hábitos alimentarios y el sedentarismo están modificando el perfil epidemiológico de la población. En consecuencia, la demanda de servicios de salud se desplaza progresivamente hacia la atención de enfermedades crónicas que requieren tratamientos prolongados y un uso intensivo de recursos.
Desde la perspectiva de la investigación social y de mercados, esta transición epidemiológica ofrece un campo de análisis que trasciende los indicadores clínicos. Comprender cómo perciben los ciudadanos los riesgos para su salud, qué factores condicionan sus hábitos alimentarios, qué barreras encuentran para adoptar estilos de vida saludables o cómo valoran los servicios de prevención constituye información estratégica para el diseño de políticas públicas y programas de promoción de la salud.
La investigación también permite identificar diferencias entre grupos poblacionales según edad, nivel socioeconómico, territorio o acceso a servicios sanitarios. Estas evidencias facilitan la focalización de intervenciones y contribuyen a una asignación más eficiente de los recursos disponibles.
Las enfermedades crónicas ya no representan únicamente un problema sanitario; constituyen un desafío económico y social que condicionará el desarrollo de la región durante las próximas décadas. En este contexto, producir evidencia de calidad sobre los determinantes del comportamiento en salud resulta tan importante como fortalecer la capacidad asistencial de los sistemas sanitarios.
Fuentes
- Organización Panamericana de la Salud. (15 de julio de 2025). Major Storm on the Horizon: Noncommunicable diseases and mental health conditions to cost South America trillions by 2050.
- Organización Mundial de la Salud. Obesity. Actualización 2025.

